Cómo diseñar un plan DiSC de 30-60-90 días para equipos
Es común hoy en día que las grandes y pequeñas empresas lleven a cabo evaluaciones de comportamiento con la intención de mejorar la comunicación, fortalecer el liderazgo o desarrollar equipos más efectivos. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que el simple hecho de completar una prueba generará cambios por sí solo.
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La realidad de cada empresa es muy diferente. Una evaluación proporciona información valiosa, pero el verdadero impacto aparece cuando esa información se transforma en acciones concretas. Por esta razón, cada vez más empresas utilizan un plan DiSC de 30-60-90 días para convertir los resultados obtenidos en mejoras reales dentro de la organización.
Este enfoque permite que los equipos avancen paso a paso, incorporando nuevos hábitos de comunicación y colaboración de forma progresiva. En lugar de intentar cambiar todo de golpe, se construye una hoja de ruta clara que facilita la adopción de nuevas prácticas y aumenta las probabilidades de éxito.
¿Por qué utilizar un plan DiSC de 30-60-90 días?
Después de recibir los resultados de una evaluación, es habitual que exista entusiasmo inicial. Los participantes suelen sentirse identificados con sus perfiles y descubren aspectos interesantes sobre sí mismos y sus compañeros.
Pero unido a esto es necesario un seguimiento. Si no existe un plan de seguimiento, gran parte de ese aprendizaje termina perdiéndose con el paso de las semanas.
Un plan DiSC de 30-60-90 días permite mantener el impulso generado por la evaluación y convertirlo en una herramienta práctica para el desarrollo del equipo. Además, facilita la medición del progreso y ayuda a identificar oportunidades de mejora a medida que avanza el proceso.
La clave no consiste en modificar la personalidad de las personas, sino en ayudarlas a comprender mejor sus comportamientos y a desarrollar nuevas formas de relacionarse con quienes las rodean.
Primeros 30 días: comprender los perfiles y generar consciencia
La primera etapa del plan debe centrarse en el autoconocimiento y la comprensión mutua.
Durante este período, cada miembro del equipo necesita familiarizarse con su perfil DiSC y reflexionar sobre cómo sus comportamientos influyen en su trabajo diario. También es importante que los participantes conozcan los estilos predominantes de sus compañeros para comenzar a identificar diferencias y puntos en común.
Las reuniones de equipo son una excelente oportunidad para generar conversaciones abiertas sobre la comunicación, la toma de decisiones y las preferencias de trabajo.
Algunas preguntas útiles durante esta fase pueden ser:
- ¿Qué fortalezas aporta cada perfil al equipo?
- ¿Qué situaciones generan más tensión?
- ¿Cómo prefiere comunicarse cada persona?
- ¿Qué comportamientos facilitan la colaboración?
En muchos espacios de trabajo, esta etapa produce momentos reveladores.
De los 30 a los 60 días: adaptar la comunicación y la colaboración
Una vez que las personas comprenden mejor sus perfiles, el siguiente paso consiste en aplicar ese conocimiento al trabajo diario.
Durante esta fase, el objetivo es identificar situaciones concretas donde los equipos puedan adaptar su forma de comunicarse y colaborar. Por ejemplo, los perfiles más orientados a la acción pueden aprender a proporcionar más contexto cuando presentan una propuesta, mientras que los perfiles más analíticos pueden trabajar en sintetizar la información para facilitar la toma de decisiones.
También es un buen momento para revisar procesos internos que generen fricciones innecesarias. Muchas empresas descubren que algunos conflictos recurrentes no están relacionados con diferencias personales, sino con expectativas mal definidas o estilos de trabajo incompatibles.
Uno de los comentarios más habituales durante esta etapa suele ser:
«No hemos cambiado quiénes somos, pero sí hemos cambiado la manera en que trabajamos juntos.«
A medida que aumenta la comprensión mutua, los equipos suelen experimentar mejoras significativas en la calidad de las reuniones, la gestión de conflictos y la coordinación entre áreas.
De los 60 a los 90 días: consolidar hábitos y medir resultados
La tercera fase del plan DiSC de 30-60-90 días se enfoca en consolidar los cambios y convertirlos en parte de la cultura del equipo.
En este punto, ya no se trata únicamente de comprender los perfiles o mejorar la comunicación. El objetivo es integrar estos aprendizajes dentro de los procesos habituales de la organización.
Algunas acciones recomendadas incluyen:
- Incorporar DiSC en programas de liderazgo.
- Utilizar los perfiles para mejorar la gestión de proyectos.
- Facilitar conversaciones periódicas sobre colaboración.
- Incluir aspectos relacionados con la comunicación en reuniones de seguimiento.
- Evaluar los avances obtenidos desde el inicio del proceso.
También resulta útil recopilar opiniones de los participantes para identificar qué prácticas han generado mejores resultados y cuáles necesitan ajustes.
En muchas empresas, los beneficios comienzan a ser visibles durante esta etapa. Las reuniones se vuelven más productivas, disminuyen los conflictos innecesarios y aumenta la sensación de confianza entre los miembros del equipo.
Errores frecuentes al implementar un plan DiSC
Aunque el modelo es sencillo de comprender, existen algunos errores que pueden limitar sus beneficios.
Uno de los más habituales consiste en utilizar los perfiles para etiquetar a las personas. Frases como «eso lo dice porque es un D» o «es normal que actúe así porque es un C» reducen la riqueza del modelo y pueden generar nuevas barreras dentro del equipo.
Otro error frecuente es considerar que una única sesión de formación será suficiente para generar cambios duraderos. El desarrollo de hábitos requiere tiempo, práctica y seguimiento.
También es importante recordar que DiSC no pretende predecir el rendimiento ni determinar quién es mejor o peor profesional. Su función principal es proporcionar información que facilite la comunicación y el entendimiento mutuo.
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